No te hagas ilusiones...,

no es fácil ser Masón y no todos los hombres están preparados para serlo!

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Cuando un hombre es Masón?

Cuando puede mirar hacia los ríos, las montañas y el lejano horizonte con un profundo sentido de su propia pequeñez y sin embargo, tener fe, esperanza y coraje que son la raíz de toda virtud. Cuando sabe que en lo profundo de su corazón, todo hombre es tan noble, tan vil, tan divino, tan diabólico y tan solitario como si mismo y busca conocer, perdonar y amar a su prójimo. Cuando sabe como simpatizar con los hombres en sus penas y aun en sus debilidades sabiendo que cada hombre lucha una dura batalla contra muchos obstáculos. Cuando ha aprendido como hacer amigos y mantenerlos y sobretodo a ser amigo de si mismo. Cuando ama las flores, puede cazar pájaros sin un arma y se emociona con el gozo olvidado de la riza de un pequeño niño. Cuando puede ser feliz y amplio de criterio en medio de los insignificantes afanes de la vida. Cuando los árboles coronados de estrellas y el destello de un rayo de Sol sobre las aguas lo subyugan como el pensamiento de alguien amado. Cuando ninguna voz de angustia llega a sus oídos en vano y ninguna mano busca su ayuda sin respuesta. Cuando encuentra bondad en cualquier fe que ayude al hombre a sustentarse en cosas divinas y ver significado trascendente en la vida, cualquiera sea el nombre de esta fe. Cuando puede mirar un charco al lado del camino y ver más allá del fango y en el rostro del desamparado y ver más allá de su flaqueza. Cuando sabe como orar, como amar, como esperar. Cuando se ha mantenido fiel a si mismo, a los demás y a su Dios; tiene en sus manos una espada contra el mal y en su corazón una canción que proclama alegría de vivir pero no temor de morir. Tal hombre ha encontrado el único y verdadero secreto de la Masonería e intenta entregarlo al mundo.

Pensamientos

La Francmasonería no es una secta, puesto que su contenido no es una doctrina particular establecida o encontrada por un Maestro, ni los Francmasones siguen a alguien con tesón y sin conciencia deliberada.

La Francmasonería no es un partido político sino una Asociación Universal, que a nadie quiere gobernar y que, en vez de vínculos materiales, sólo establece entre los hombres y los pueblos, lazos de orden ético.

La Francmasonería es una escuela filosófica, a la manera de los que tanta gloria dieron a la Grecia, en la que alumnos y maestros colaboraron en el gran arte de desarrollar en el hombre todas las cualidades espirituales y morales.

Las empresas de de la Francmasonería y los nexos que unen a los Francmasones son de orden puramente espiritual. Ni en las logias se combinan negocios, ni la Orden trató jamás de conquistar ni de sojuzgar razas.

La Francmasonería proclama la paz entre los hombres como el más alto y permanente de sus fines. En consecuencia, defiende el orden y respeta las leyes del país en que vive.

La Francmasonería aspira a que el mundo sea regido y gobernado por la Razón, combate, en consecuencia, la guerra, la violencia y las coacciones.

La Francmasonería, además de sus interpretaciones éticas y filosóficas, tiene una interpretación artística y una interpretación científica que brindan sus símbolos a los indicados estudiosos.

La Francmasonería fomenta y cultiva el amor a la naturaleza, decorada por ella con las maravillas arquitectónicas de los Siglos VI al XVII.

La Francmasonería instruye al Masón en sus derechos y deberes ciudadanos.

La Francmasonería tiene su origen en la Razón y por esto es universal; pero se diferencia de las religiones en que deja a sus adeptos absoluta libertad para creer.

La Francmasonería no es una asociación pública , tampoco es secreta, sino privada y discreta para el mutuo trato, el perfeccionamiento individual, la educación científica y artística y la investigación de la verdad.

Dentro de una Logia Masónica no hay privilegios, y tampoco el criterio de preeminencia se deriva de sus grados. Solo está más alto el más virtuoso y el que sabe más.

La Francmasonería no acepta doctrina alguna como definitiva, como exclusiva, ni como suya; estimula a sus adeptos a que las examinen todas y no limita la actuación de la conciencia ni pone muros al campo de la investigación.

La Francmasonería se diferencia de la iglesia fundamentalmente en que, lejos de querer gobernar la conciencia de los hombres, pretende para ella la máxima libertad, además de que no tiene ni jamás tuvo pretensiones de poder temporal.

La Francmasonería no cierra sus puertas a los católicos, ni a los protestantes, ni a los judíos, ni a los musulmanes, ni a ningún militante de un credo religioso cualquiera, pero los quiere libres de supersticiones y tan cuidadosos, por lo menos, de saber lo que el hombre debe al hombre, como cualquier igual suyo.

La Francmasonería solo excluye de sus Logias la Religión cuando ésta se mezcla en las cuestiones terrenas, puesto que por este solo hecho se convierte en política.

Entre la Religión y la Francmasonería no hay incompatibilidad ni semejanza. Aquella no es sino el vínculo que une a los hombres con Dios. Esta tiene como fin el de estrechar las relaciones entre los hombres y agruparlos con principios propios, dentro de los que no caben distinción de razas, idiomas, ni creencias.

La Francmasonería no tiene fin alguno, que pueda resultar justificable por medios reprobados, porque todos sus fines son espirituales y altamente morales y sus medios se concretan a la educación y la práctica de la virtud.

La moral de la Francmasonería es la moral universal y eterna.

La Francmasonería no solo exige de sus adeptos una moralidad a toda prueba, sino que excluye a todos los que no tienen un medio de vivir conocido y a los que no sienten con intensidad amor al trabajo.

Desde que existe la Francmasonería, jamás se ha podido descubrir en ninguna logia de ningún país, actos colectivos contra la virtud.

La Tolerancia es una virtud de la Francmasonería que la distingue esencialmente de todas las asociaciones políticas y religiosas. Tiene carácter universal, puesto que la estimula y la fomenta en los hombres y en los pueblos. Nació con la Orden y a medida que el Masón avanza en grados, se va identificando más y más con ella.

La Francmasonería no encierra exclusivamente entre sus muros el principio de fraternidad; por el contrario, el Masón considera hermanos a todos los hombres de todas las razas y de todos los pueblos, aún cuando sean adversarios de su doctrina.

Ninguna de las virtudes masónicas - tolerancia, moralidad, probidad, amor al trabajo, respeto inquebrantable a la fe jurada - puede tener un fin materialista o utilitario; se cultivan para contribuir a la perfección humana.

La Francmasonería ve en el hombre el más alto valor del universo y le asigna el derecho y el deber de buscar la verdad a través de su propia conciencia.

La Francmasonería adjudica al hombre la plena responsabilidad moral de sus actos y hace a todos los hombres iguales y solidarios.

El perfeccionamiento que la Francmasonería busca, no se concreta al orden espiritual, sino que trabaja además, para lograr que sus adeptos alcancen la perfección esmerada, la moderación en el lenguaje, en el gesto, la sinceridad y el respeto a todas las opiniones.

La Francmasonería no reconoce al hombre el derecho de destruir al hombre, ni aún por ministerio de la ley. Por el contrario, entiende que el hacerlo es desertar del deber de tutelar al semejante deforme de cuerpo, de alma o de conciencia.

En la Francmasonería el que se deshonra es expulsado, sin que pueda el arrepentimiento volver a abrirle sus puertas.

La Francmasonería, frente a la exaltación del principio de autoridad que tantas dictaduras engendra, mantiene su absoluta confianza en los principios inmutables de fraternidad y libertad individual.

La Francmasonería no es una Institución que se mantenga petrificada desafiando el tiempo y el espacio; por el contrario, vive, progresa y asimila las excelencias de cada civilización, en forma dinámica. Se incrusta en el desarrollo armónico de la humanidad porque es parte de su esencia.

El fin primordial de la Francmasonería es el de unir a los hombres buenos, de tal modo que ni las diferencias de religión, de raza, de credo político, ni de intereses materiales, puedan separarlos.

La Francmasonería es, en resumen, una filosofía práctica que promueve la civilización, ejerce la beneficencia y tiende a purificar el corazón de los hombres, a mejorar sus costumbres, a mantener el honor de los sentimientos y la altura en los modales.